El ingeniero Carlos Fernández Casado

La Retorna fue proyectada por Carlos Fernández Casado, uno de los grandes ingenieros españoles del siglo XX. Nació en Logroño en 1905, en la entonces calle Muro del Siete, hoy Muro de Cervantes. En la ciudad, donde estaba destinado su padre, artillero militar, pasó su infancia, y sus paseos por el Puente de Hierro y el Puente de Piedra, desde los que se asomaba a ver las crecidas del Ebro, marcaron su vocación por la ingeniería.

El legado de Carlos Fernández Casado

Aunque se trasladó pronto a Madrid por el destino militar de su padre, nunca perdió el vínculo con La Rioja. De hecho, en 1983, con 78 años, regresó por última vez con su familia para recorrer el salto de La Retorna y fotografiarse ante los acueductos del Najerilla y del Brieva, una de las obras que más quiso de toda su trayectoria. Después llegarían el homenaje del Ayuntamiento de Logroño en 1984, la Medalla de Oro de La Rioja en 1986 y, ya en 2025, la dedicación de un paseo con su nombre en la ciudad. En 1988 fallecía en Madrid, a los 83 años.

Su trayectoria fue excepcional. Está considerado uno de los proyectistas más importantes del siglo XX y una figura decisiva en la modernización de la ingeniería española. Fue pionero en la introducción del hormigón pretensado, impulsó técnicas avanzadas de construcción de puentes y renovó el cálculo de estructuras. Sus libros han formado a generaciones de ingenieros, igual que su manera de proyectar, en la que aunó rigor técnico, ligereza estructural y sentido estético.

Una visión humanista de la ingeniería

Con tan solo 19 años terminó Ingeniería de Caminos. Fue catedrático, investigador y divulgador, y también un intelectual de gran amplitud. En Granada, donde desarrolló sus primeros trabajos, trabó amistad con Federico García Lorca y con Fernando de los Ríos, y se integró en ambientes vanguardistas. Estuvo además muy ligado al espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. A esa formación humanista se sumaron su paso por París y su relación intelectual con pensadores como Ortega y Gasset y Xavier Zubiri. Con el tiempo llegó a ser también académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Todo ello explica que concibiera la ingeniería no solo como técnica, sino también como cultura, pensamiento y una forma de mirar el paisaje.

La Guerra Civil y la posguerra cortaron de forma brusca su trayectoria. El nuevo régimen le abrió un ‘expediente de depuración’ por considerarlo desafecto al franquismo, le impuso una sanción de cinco años sin acceso a cargos públicos y le cerró distintas salidas profesionales, entre ellas la docencia que tanto anhelaba. Pese a ello, supo reorientar su carrera hacia el ejercicio profesional y la empresa privada, primero con el constructor navarro Félix Huarte, con quien ya había trabajado antes de la guerra, y después emprendiendo su propio camino, desde el que acabaría dejando una huella decisiva en la modernización de la ingeniería española.

Entre sus obras más destacadas figuran puentes y estructuras que han marcado época: el Puente de Puerta de Hierro sobre el Manzanares, la Facultad de Filosofía en la Ciudad Universitaria de Madrid, la cubierta del campo de San Mamés y, en su ciudad natal, el paso sobre el ferrocarril en Vara de Rey. Y, por supuesto, el Salto de La Retorna en el Najerilla, una obra que resume una manera culta, precisa y moderna de entender la ingeniería y su relación con el territorio.