La Retorna

La Retorna es una pieza decisiva en la historia reciente del Alto Najerilla y de sus habitantes, en el entorno de Anguiano, Ventrosa de la Sierra y Brieva de Cameros. Es una infraestructura singular de la ingeniería del siglo XX y, al mismo tiempo, un elemento reconocible en el paisaje, en la memoria del valle y en la identidad de quienes han convivido con ella durante generaciones.

El origen de La Retorna

Impulsada a comienzos de los años cuarenta por Electra de Recajo, se levantó en un momento en el que España necesitaba reconstruir y modernizar sus infraestructuras básicas y responder al crecimiento de la demanda eléctrica. En un territorio de montaña, con una economía ligada tradicionalmente al monte y a la ganadería, la llegada de una central hidroeléctrica supuso una nueva fuente de actividad y una transformación importante para la vida de la zona.

Ese valor no pertenece solo al pasado. La Retorna sigue siendo una infraestructura con capacidad para generar energía limpia y abastecer a entre 1.500 y 4.000 hogares, en función de la climatología y el caudal del río, lo que refuerza su interés patrimonial, territorial y también energético.

Una presa única y singular

La presa de La Retorna, proyectada por el ingeniero riojano Carlos Fernández Casado, es una valiosa obra del patrimonio industrial español. Destaca por su tipología de arco-gravedad, una solución poco común en su tiempo que combina el peso de la estructura con la transmisión del empuje hacia las laderas del valle para garantizar su estabilidad. Fue la primera construida en La Rioja con este sistema y sirvió como precursora para proyectar importantes presas como la de Aldeadávila, en el Duero o la de Cedillo, en el río Tajo.

Su singularidad no reside solo en la presa, sino en el conjunto de obras levantadas para hacer posible el aprovechamiento hidroeléctrico: el acueducto sobre el río Najerilla, el acueducto sobre el barranco del río Brieva, el puente de acceso y el edificio de la central, que alberga dos grandes turbinas. Pocas infraestructuras conservan hoy una integridad semejante y una capacidad tan clara para explicar cómo se producía energía en un valle de montaña en el siglo XX.

La singularidad de La Retorna radica también en el enclave en el que se desarrolló: una zona de montaña, de orografía compleja, en la que el Najerilla encadena curvas muy próximas entre sí. El proyecto supo aprovecharlo, trazando un canal de derivación que, con una longitud mínima de canal de unos cinco kilómetros, en su mayoría horadado en la roca, aprovecha en altura todo el descenso del agua, lo que se conoce como ‘retorna’, que dio nombre a esta infraestructura. Esa caída, de 62,5 metros, genera la presión que mueve las turbinas y convierte la fuerza del agua en energía eléctrica.

Integración con el entorno...

Uno de los rasgos más destacados de La Retorna es la forma en la que fue construida, con soluciones que buscaban adaptarse al lugar y reducir al máximo el impacto sobre el entorno. En el acueducto sobre el Najerilla se utilizó el sistema de autocimbra, que evitaba la necesidad de grandes apoyos provisionales en el cauce. En el segundo acueducto se recurrió al premoldeo de los arcos con el mismo objetivo.

La presa incluyó además una escala de peces, muestra de que ya en su concepción se tuvo en cuenta la necesidad de compatibilizar la infraestructura con el río y su ecosistema. Si bien la proximidad de la presa de Mansilla minimizó su utilidad, ese planteamiento revela una manera de proyectar atenta a las condiciones del lugar muy avanzada en su época.

...y con la sociedad

Su construcción se proyectó en el contexto del gran impulso de la energía hidroeléctrica en España, cuando crecía la demanda eléctrica y el agua, la llamada «hulla blanca», se consolidaba como una alternativa estratégica ante la escasez del carbón. De hecho, en la propia cuenca del Najerilla surgieron varios aprovechamientos de este tipo.

Con el paso del tiempo, esta infraestructura ha quedado incorporada al paisaje cotidiano y a la memoria de varias generaciones. Por eso, hablar hoy de su continuidad no significa solo defender una obra singular de ingeniería. Significa también conservar un patrimonio ligado al territorio, mantener viva una fuente de energía renovable y reconocer el enorme valor que todavía puede seguir aportando al futuro del Alto Najerilla.